miércoles, 3 de mayo de 2017

CRÓNICA 10. IGLESIA DE SANTA ANA. #AUGSBURGO #ALEMANIA

Crónica 10. Iglesia de Santa Ana. Augsburgo


Con la energía que me habían dado las ricas frambuesas, continué mi camino. Nuevos rincones y bellos detalles que me hacían pararme y recrearme en ellos. Los aldabones siempre me llevan a mi tierna infancia. Los retrato y ya tengo una buena colección de todos los lugares del mundo que he recorrido. Éste también me gustó mucho, quizás por la iluminación que tenía en el momento que lo descubrí. En mi caminar pasé por la oficina de correos, con su bello interior que sólo admirar pero no fotografiar porque un áspero funcionario nada más entrar y verme con la cámara me dijo que no se podía hacer fotos.







Me gustaba esa ciudad. Había en ella calma y la vida parecía discurrir sin prisas. Las líneas que formaban los tejados de los edificios, sus estatuas, sus arcos...







Llegué a la Iglesia de Santa Ana. Me paré bastante rato en el pasillo repleto de información y de arte. 




Al entrar en su interior, la luz que me iluminaba hacía resaltar el color de la madera de los bancos, el dorado y el azul del órgano. Esta iglesia protestante se construyó al mismo tiempo que el monasterio en el siglo XIV. Posteriormente fue reconstruída y a mediados del siglo XVIII se remodeló su interior en estilo rocoó.





Entrar en esta maravillosa capilla, me fascinó. Me senté tranquilamente a disfrutarla en toda su amplitud. Luego la recorrí palmo a palmo empapándome de todo su arte. Esta hermosa capilla de los Orfebres, que fue construida entre los años 1420 y 1425, está decorada con unos bellísimos frescos de esa época en los que se representa la vida de Cristo.







Los púlpitos de las iglesias también me resultan siempre curiosos. Me imagino épocas pasadas y al sacerdote en ellos. En esta ocasión me emocioné al descubrir algo que nunca antes había visto. Éste tenía una puerta que daba acceso a la escalera. Estaba bellamente labrado. De estilo barroco fue constuido en 1682.




Su nave central, con sus pinturas en el techo y con el hermoso órgano, secuestraba mi miraba a cada paso que daba. Las puertas del ógano son obra de Jorg Breu el Viejo.  Mucha belleza en el interior.




Y antes de salir, de la misma forma que me ocurrió como a mi llegada. También descubrí detalles que me gustaron atrapar para seguir disfrutándolos en estas fotografías.






...CONTINUARÁ...

viernes, 14 de abril de 2017

#CRÓNICA 9. MERCADO DE #AUGSBURGO #ALEMANIA.

Crónica 9. Mercado de Augsburgo



Comencé mi segundo día de viaje en Alemania, en la estación, comprando el billete para Augsburgo por el que pagué treinta y cinco euros. A las 11,35 el tren se ponía en marcha. Me gustaba mirar por la ventana y disfrutar del paisaje. Escuchar las conversaciones en alemán de los lugareños, aún me sorprendía. No entendía nada, pero me gustaba imaginar por sus gestos, sobre qué estaban conversando. 




A las 12,15 el tren llegaba  a su destino. Me bajé de él pausadamente, observando las vías, los trenes estacionados, etc




Mis primeros pasos al salir de la estación me llevaron a las bicicletas. Aún seguían atrapando mi mirada y estimulaban mi curiosidad. Y además de ellas, en pocos minutos, pude ver los tranvías, algunos curiosos coches...




Al pasar por un hotel, pedí un mapa de esta ciudad y amablemente el señor de la recepción, me situó en él, los lugares más emblemáticos, que yo ya llevaba bien estudiados a través de mi guía de viajes.


Recorrí unos cuantos metros y enseguida me encontré en el mercado. Me gustaban algunos detalles, los colores, los olores...



El interior era espacioso y como en todos los mercados, las ricas viandas típicas de la zona. Recorrí lentamente todos los puestos y de vez en cuando, me sorprendían los precios. 




Los distintos productos estaban colocados en armonía y con creatividad. Algunos rincones eran tan curiosos, que captaban mi atención.




También me sorprendió en ese mercado, la avanzada edad de algunas de las vendedoras. Disfruté mirando cómo desarrollaban las distintas tareas.



Y como siempre, me envolvió casi hipnóticamente, los colores que encontrada a cada paso, a cada mirada. La visita de los mercados siempre produce en mí una enorme alegría. Cada uno de ellos, cuenta su historia.





Las ricas frambuesas llamaron tanto mi atención, que no pude resistirme a degustarlas. Estaban riquísimas. Justo antes de partir, me encontré con esta puerta, que me llevó a los recuerdos de mi infancia.



...CONTINUARÁ...